* Erase una vez , que después de hacer el camino de Santiago,, entro en la plaza de Obradorio y en su iglesia en Santiago de Compostela
Fruto de la experimentación mistico-terrenal de la que venía.
Me acerco a un confesionario , me arrodillo y le explico a aquel hombre-sombra, mis pecados.
Mis pecados eran el dolor arrastrado durante dos decadas, de hechos por los que la culpa
me perseguía hasta en los sueños.
Esperanzado en descargar unos gramos de esa culpa
Lo que recibo de la sombra de moralidad enferma es una penitencia más.
En aquel momento entendí como el mal- demonio se disfraza para hacer su trabajo.
La casa de Dios, es el alma de cada uno
Las iglesias son las casas del demonio-mal.
El gran pecado es crear dioses. Porque esa es la forma de alejarnos del único Dios a quien amar, a nosotros mismos y transmitirlo.